Las ciudades como centro de transformación e innovación

Los desafíos de las Smart Cities y su inminencia estratégica para el desarrollo del país.

Informe Central – Por: Miguel Castañeda,

En los últimos 50 años las ciudades han sido y siguen siendo el centro del dinamismo económico, social y político de nuestras naciones latinoamericanas. Lo han sido, también, en todo el mundo. Desde allí se gestan los más importantes movimientos sociales y se dinamizan incesantes aspiraciones colectivas. A través de ellas se recogen los deseos de los ciudadanos que en nuestros días son bastante dinámicos e impre­ decibles. Y por ello, muchas veces, de manera casi recurrente, las articu­laciones entre las grandes ciudades hacen ceder el predominio del Estado Nación.

Desde el desborde popular, tan cla­ramente descrito por Matos Mar, nuestras ciudades costeras más im­portantes han experimentado un crecimiento sostenido, en población, pero aún tienen pendiente desarro­llar mejores ámbitos y mayores servi­cios, como los que tienen las ciuda­des más representativas del globo. Los temas de servicios educativos y salud, así como la procura de agua potable, energía eléctrica y la interco­nexión, por ejemplo, son asuntos aún pendientes.

Como dato estadístico, Matos Mar re­fiere que en 1940 solo el 17% de la población vivía en la ciudad. Sin em­bargo, en 1977 ya el 65% de la pobla­ción nacional era urbana; dándonos a conocer que más de la mitad de la población dejó la vida rural y se asen­tó en la ciudad, en menos de 40 años. Todo ello sigue sucediendo hoy con mayor aceleración. A través de este movimiento migratorio, se han gene­rado consecuencias sociales, políticas y económicas tanto en los lugares de origen como en los de destino.

Simon Curtis, profesor de Política Internacional en la Universidad de Anglia Oriental (Reino Unido) e inves­tigador principal sobre ciudades glo­bales, manifiesta que, a diferencia del mundo ante todo rural, del que sur­gió el orden internacional basado en el Estado, la humanidad se está con­virtiendo, a ritmo acelerado, en una especie predominantemente urbana. Se calcula que seremos 6 mil millones de ciudadanos urbanistas en el 2050,

un 66% de la población mundial. Hay en la actualidad 28 megaciudades con más de 10 millones de habitantes. Una de estas megaciudades es Lima. ¿Qué debemos hacer, entonces, en este nuevo escenario de crecimiento que tiene a la era del conocimiento al centro? ¿Cuál es el discurso que se debe discutir en las nuevas campañas electorales y cuáles son los planes de gobierno locales que se deben dise­ñar?

Una descentralización, otra regionalización

Los corredores económicos que via­bilizan la prosperidad y crecimiento de nuestras grandes ciudades costeras han postergado, muchas veces, el crecimiento de los pueblos más alejados de nuestro país. Aun hoy no he­mos sido capaces de llevar bienestar y mejores condiciones de vida a las ciudades del interior del país, ubicadas en la sierra y selva peruanas.

Este desafío pone de nuevo el debate de la descentralización y la articula­ción de grandes ciudades costeras a ejes transversales y de penetración de ciudades intermedias del inte­rior del país. Pensar, por ejemplo, en cómo aprovechar mejor los grandes recursos económicos de Megantoni en Cuzco o San Marcos en Ancash, La Encañada en Cajamarca y Torata en Moquegua, vinculados a centros de innovación, por ejemplo, es un gran tema de debate que se debe reabrir. Para poner un ejemplo, veamos en retrospectiva la primera conformación formal de regiones ampliadas más allá de la configuración departa­mental. La otrora región Nor Oriental del Marañón (Lambayeque, Cajamar­ca y Amazonas) pudo haber sido un buen corredor socioeconómico que habría llevado mejores y mayores beneficios a Cajamarca y Amazonas, hoy, desconectadas del progreso que sí vive Lambayeque por ser una ciu­dad costera que está más articulada a los mercados nacionales e interna­cionales y tiene mayores y mejores accesos de servicios públicos.

 A pesar de tener grandes e importan­ tes proyectos y operaciones mineras, en Cajamarca, por ejemplo, este de­partamento sigue con grandes pro­blemas de orden económico y social que se deben resolver, a través de un esquema de gestión distinto al que tiene actualmente. La gran discusión sobre ello aún sigue ausente por  carencia de pericia política y emer­gencias de discusión corrosivas que abunda entre legisladores y Poder Ejecutivo.

Se exige entonces un debate nuevo que culmine en una decisión que res­cate esta articulación e interdepen­dencias. Más aun, en un contexto de transformación digital y Smart Cities (ciudades inteligentes) que hoy dominan el escenario de gestión local moderno, se hace imprescindible re­pensar los actuales modelos de gestión y desarrollo locales incorporando los nuevos temas de transformación digital, robótica e innovación.

Se exige, entonces, estilos y mode­los de gobernanza y gobernabilidad, pensando en un nuevo orden local hacia el nuevo estilo global. Es inmi­nente un reajuste en el tipo de rela­ción y configuración geopolítica de estas ciudades, como mecanismo de cohesión socioeconómica. Este nue­vo modelo debe partir de un nuevo liderazgo, que, de no venir dirigido o centrado desde los gobiernos, ten­dremos mayores arremetidas violen tas desde las calles y avenidas como ha sido nuestro devenir histórico. O lo peor, quedaremos postergados, en la cola de los avances en innovación de gestión local en América Latina.

¿Lima Smart City?

Hace algunos años, con la gigantesca oleada globalizadora vivida y la irrupción expansiva de la tecnología, ya se ha puesto en práctica el modelo de ciudades inteligentes, por ejemplo. Incluso, algunos se atreven a cues­tionar el predominio y necesidad del Estado Nación para regular mecanis­mos de interrelación y coordinación entre importantes ciudades globales. Parag Khana, investigador principal sobre globalización y políticas públi­ cas de la Universidad Nacional de Sin­gapur, ha previsto que la conectividad en y entre las ciudades, por medio de redes y sistemas sostenibles, asequi­bles y digitalmente accesibles, será la base de la economía global. “Un reco­rrido por las buenas prácticas de las ciudades conectadas empieza en Eu­ropa. Ciudades de tamaño moderado y gran densidad demográfica como Londres y París, Estocolmo y Berlín, Barcelona y Zurick, ofrecen un buen transporte público modal y acceso de alta velocidad a internet en vivienda y espacios públicos”. Muchos cono­cemos los avances en estos asuntos en Europa, a través de una toma de decisión concertada y bien orientada. Es así como estas ciudades compar­ten la conectividad digital y de trans­porte que acerca a los ciudadanos a los servicios. Cualquiera puede salir de un aeropuerto en cualquier ciu­dad europea e inmediatamente des­pués tener acceso al metro, el tren, los buses o un sistema de transporte público de taxis que funciona a la per­fección.

“Incluso en un entorno de bajo cre­ cimiento esas ciudades poseen ani­ madas economías de servicios con un alto porcentaje de empleo generado a través de pequeñas y medianas empresas”, afirma Khana, haciendo alusión que estas innovaciones pro­ mueven una dinámica económica en­ dógena.

Ante esta realidad de orden global que ejercen las presiones positivas descritas, ¿qué falta a nuestras gran­des ciudades para que puedan articu­lar un entorno de tales condiciones? ¿Recursos económicos, talento y aná­lisis estadístico poblacional? ¿Dónde está el cuello de botella, por ejemplo, para que Lima, Ica y Ancash, o Arequi­pa, Cuzco, Puno, Moquegua y Tacna se interrelacionen en un espacio co­mún de intercambio y promuevan dinámicas socioeconómicas propias que trasciendan sus diferencias loca­listas? Ciertamente, el expertise polí­tico de los gobernantes está ausente para poder ejercitar un esquema de este tipo.

Si miramos dentro de Lima y avanza­mos en precisión de los detalles de infraestructura que ofrecen algunos distritos como San Isidro, Magdalena, Miraflores, Surco, Lince y Pueblo Li­bre, podemos afirmar que un modelo de interrelación e interdependencia digital y de servicios nos brindaría mayores espacios públicos amigables y con mejores oportunidades para la innovación.

Con la finalidad de que estos distritos potencien sus oportunidades en el mediano plazo, los millones de pobla­dores debemos empezar a mejorar nuestros espacios de conectividad física y digital. Y se debe hacer de ma­nera articulada en toda la ciudad para que los conos norte y sur de nuestra ciudad capital ejerzan la presión so­cioeconómica necesaria que aglutine planes integrados y acciones coordi­nadas.

Ya está bastante claro que el sistema de transporte, las infraestructuras, la tecnología y los servicios electrónicos son factores de la conectividad que hace falta en ciudades como las nues­ tras. Pero, ¿dónde radica la apatía y la omisión? ¿Por qué tenemos, por ejemplo, una Línea Amarilla que aún no termina de lanzarse?

De lo local a lo nacional

Con el conocimiento pleno del fun­cionamiento positivo de ciudades inteligentes, una de nuestras atre­vidas propuestas es el reforzamien­to de lo local. Venimos analizando y evaluando en replantear el esquema de desarrollo y crecimiento, tenien­do en consideración lo local como eje dinámico, como eje promotor. El gran catalizador de un despegue ma­yor debe venir desde estas ciudades intermedias, con peso propio, hacia las grandes urbes como Lima, Arequi­ pa, Lambayeque, Piura, La Libertad e Ica, por ejemplo. Es cierto, también, que estas grandes ciudades y Lima, en particular, tienen una propia dinámica que deben seguir trabajándose, pensando en sus populosos distritos. Este es otro tema que ya abordare­mos a detalle en un nuevo artículo.

El esquema de articulación y di­namismos debe dirigirse hacia las grandes ciudades, pero partiendo de la procura de servicios básicos y tecnológicos; así como facilidades de elementos empresariales que le brinden dinámica propia a pequeñas ciu­dades como Cajamarca, Moquegua, Huaraz, Huancayo, Megantoni, entre otras; que podrían ser experiencias piloto de este esquema innovador. A partir de allí, promover cambios sustanciales en las políticas públicas nacionales que le permitan a estas pequeñas ciudades intermedias ca­pitales un mejor esquema de modernización digital hacia la configuración de ciudades inteligentes. ¿Por qué no? Recursos económicos tienen de sobra.

Es inadmisible pensar que ciudades intermedias del interior del país, como Megantoni, Moquegua, Hua­raz, Abancay, Cajamarca o Puno van a poder despegar solas, a partir de la gestión de sus dinámicas hacia den­tro de ellas mismas, con el aprove­chamiento de los ingentes ingresos económicos por sus recursos no renovables. Ya se ha demostrado los últimos 20 años que, a pesar de haber tenido la mayor cantidad de recursos públicos, de su historia (producto del canon gasífero y minero) no se ha po­dido eliminar el flagelo de la pobreza y pobreza extrema de sus entornos urbanos y rurales. La precariedad y la corrupción han copado los espacios de ausencia de un Estado insensible a su rol e incapaz de gestar innovación. Se debe invertir en una expansión masiva de la conectividad en todos sus niveles. Estando conectadas y articuladas tendrán mayores opor­tunidades de crecimiento, incluso de control presupuestario y vigilan­cia social. Las claves son y serán la integridad, la estabilidad política, el crecimiento económico, los planes interregionales y las condiciones atractivas para el capital fresco.

“En realidad, resulta cada vez más claro que la máxima prioridad para superar los grandes desafíos urbanos son más ciudades conectadas. La India se ha convertido en el nue­vo ejemplo de manual. Una serie de corredores cuadrilaterales ha avan­zado rápidamente en la conexión de los cuatro principales nodos del país: Nueva Delhi, Bombay, Madrás y Calcuta. El pregonado programa de ciudades inteligentes ha inverti­do casi 1.000 millones de dólares en sociedades instrumentales dedica­das a promocionar una planificación urbana avanzada y la integración de las tecnologías de la información en 20 ciudades de segundo nivel como Jaipur y Bhopal. En conjunto, un cen­tenar de ciudades han creado aso­ciaciones públicas – privadas para replantear servicios básicos como la electricidad y el saneamiento”, afir­ma Khanna.

Resulta claro entonces que para que las ciudades aumenten la cadena de valor y se conviertan en ejes y pasarelas regionales, éstas deben realizar más plenamente esa transición hacia las economías emprendedoras, de innovación y basadas en los servicios. “El pilar de una ciudad vigorosa en términos económicos y progresiva en términos sociales es el crecimiento en servicios no exporta­bles, como la salud y la educación”, las cuales promueven comunidades de bienestar.

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