El decálogo de la resiliencia

Por:

Maria Fabregat

Psicóloga 

A lo largo de la historia han existido diversas personas que han sido verdaderos supervivientes. No me refiero solo a que, por ejemplo, han experimentado una guerra y han seguido con vida y sobrevivido físicamente, sino que a pesar de las dificultades y situaciones horribles que han experimentado, han podido sobrevivir emocional y psíquicamente. Entre todas las personas que se podrían considerar resilientes destaca Viktor Frankl, quien consiguió sobrevivir a varios campos de concentración nazis y ayudó a otros a sobrellevarlos mejor. Plasmó sus reflexiones en el libro «El hombre en busca de sentido”, donde expone que incluso en las situaciones más traumáticas la persona puede encontrar un sentido a la vida. Estos actos heroicos merecen tener un nombre propio para ser designados: se podría decir que por este motivo surgió el término “resiliencia”.

De esta manera, aunque sea un concepto relativamente nuevo, vale destacar que siempre han existido personas con resiliencia.

¿Cómo desarrollar resiliencia?

Afortunadamente, ser una persona resiliente no depende de recibir o no una herencia genética, sino que es una capacidad que se puede aprender y se va construyendo mediante la interacción con el entorno y el medio social. La Asociación Americana de Psicología (APA) definió el decálogo de la resiliencia, que son los aspectos necesarios para desarrollar resiliencia, el cual se explica a continuación:

1. Establecer relaciones. No aislarse, mantener y crear relaciones afectivas con las personas. El apoyo emocional de otras personas es indispensable para lograr ser resiliente. Es necesario como mínimo el vínculo afectivo con una persona (ya sea padre, madre, hermano, amigo, vecino, profesional, etc.) para sentirse valorado, aceptado y querido. Además, en el caso de los niños, también necesitan un referente que pueda ser un buen modelo para poder desarrollarse de manera estable.

2. Evitar ver las crisis como si fueran problemas insuperables. Tomar perspectiva y tener una visión amplia, más allá de las dificultades. Adoptar una mentalidad positiva, confiar y creer en la capacidad de superación. Ser creativos, generar nuevas ideas y desarrollar soluciones innovadoras para resolver los problemas. Las crisis pueden ser el motor para fortalecer nuestros recursos.

3. Aceptar que los cambios son parte de la vida. Ser consciente de que los cambios son constantes y pueden ayudar a percibir cualquier situación, sea desagradable o no, como variable. De esta manera, frente a un problema, como por ejemplo que te despidan del trabajo, se puede mantener la esperanza y la motivación de que se encontrará otro en lugar de quedarse bloqueado y con el sentimiento de incapacidad para buscar soluciones.

4. Avanzar hacia unos objetivos: trabajar sobre objetivos realistas. Para poder ser resiliente es importante encontrar un propósito significativo en la vida, tener claro qué es importante y qué se quiere conseguir. Visualizarlo ayuda a dar pasos en esta dirección y acercarse a estos objetivos. Eso sí, los objetivos deben ser realistas, es decir, deben estar dentro de la posibilidad de ser logrados. De lo contrario, no se podrían alcanzar y no fomentarían el bienestar emocional, sino al contrario.

5. Actuar con decisión frente a las adversidades. Uno no se puede dejar aplastar por las dificultades, debe resistir las situaciones que se va encontrando a lo largo de la vida. Además, no solo con conformismo y de manera pasiva, sino que debe “plantar cara” a estas adversidades. Quizás uno no puede cambiar las circunstancias de lo que le sucede, pero sí que tiene el dominio de lo que hace respecto a lo que le sucede.

6. Buscar oportunidades para descubrirse uno mismo. Delante de situaciones que no se esperan y nunca se han llegado a plantear, también se reacciona de manera diferente a lo que uno está acostumbrado. Esto conlleva un aumento del conocimiento de uno mismo, que quizás de otra manera no se hubiera obtenido. Por ejemplo, una mujer que siempre se ha sometido a su
pareja es abandonada por ella y lo que al principio supone la falta de sentido de su vida, puede convertirse en una oportunidad para dedicarse a ella y descubrir cómo es y qué le gusta, siendo capaz de vivir su propia vida. Uno se convierte en una persona más sabia.

7. Alimentar una visión positiva de uno mismo. Ser resiliente es posible si se parte de la base de tener un buen autoconcepto, una buena autoestima, sentirse seguro de uno mismo y ser optimista, confiando en que se posee la capacidad de superar cualquier situación. En el caso de los niños, son los padres o tutores los que tienen que fomentar su autoestima. Por ejemplo, cuando unos padres se separan, los niños suelen pensar que ellos son la causa, por eso es importante ayudarles a comprender que no son culpables de esta separación.

8. Mantener la perspectiva de las situaciones: prever el largo plazo y saber recontextualizar los acontecimientos. Saber relativizar los problemas sirve para poder ver hasta qué punto son importantes en nuestra vida, cuánto influyen en
el presente y futuro. Normalmente el presente se vive como si no fuera a cambiar nunca, pero en realidad es temporal. Para poder relativizar, es necesario tomar perspectiva, observarlo desde fuera, para poder disminuir, en cierto modo, los problemas o encontrar nuevas soluciones.

9. Mantener una visión esperanzada. Tener una actitud positiva y orientada al futuro, creer que la situación puede mejorar y confiar en que el cambio es posible sin duda es beneficioso en sí mismo. De lo contrario, es perjudicial centrarse en los aspectos negativos, intentar encontrar explicaciones que a veces no existen y no salir del rol de “víctima”.

10. Cuidarse. Para ser resiliente y superar una adversidad es indispensable cuidarse, desde aspectos más básicos como la alimentación y el sueño, como prestar atención a los propios sentimientos y necesidades para conseguir cubrirlos. Estos son los 10 aspectos necesarios para ser una persona resiliente y que también pueden servirle como guía para conseguir mayor bienestar. Superar situaciones traumáticas puede resultar muy difícil, pero es posible. Confíe, crea. Cada uno tiene la capacidad de resiliencia dentro y puede desarrollarla. Recuerde que la clave está en sentirse bien uno mismo, sentirse bien con los otros y sentirse bien con la vida. Encuentre cuál es su forma de sentirse bien.

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