En busca de la Sostenibilidad Corporativa

El crecimiento económico del país de la mano del sector minero

A fines del 2010, una importante empresa minera nos llevó a algunos de sus gerentes, a un intensivo programa de entrenamiento y capacitación en Cape Town (Sudáfrica). Dicho programa estaba liderado, bajo el auspicio de dos importantes universidades globales: La Universidad de Queensland y la Universidad de Cambridge. Hubo una segunda parte de este programa que se realizó en Santiago (Chile) algunas semanas después.

Una de las experiencias más importantes, además de los contenidos, calidad docente e intercambiar ideas y experiencias con colegas de diferentes partes del mundo, desde mi punto de vista, fue la apertura con la que esta empresa minera empezaba a ver el futuro del sector extractivo no renovable en el mundo. Entonces la información fluía con bastante libertad y los comentarios y opiniones circulaban con autocrítica. No habíamos contribuido al desarrollo local, de manera directa y ello nos había fisurado en la reputación.

Era cierto que el propósito final era tratar de mantener el negocio en la cima de la productividad y rentabilidad, pero también se evidenciaba que se tenía que diseñar y desarrollar nuevas políticas corporativas globales que hagan sostenible la empresa y el negocio, en general. Había que gestar nuevos comportamientos corporativos para sobrevivir.

Es en este contexto que empiezo a familiarizarme con la sostenibilidad y sus desafíos; así como la importancia de revisar enfoques y actitudes corporativas de este sector, para propiciar un alejamiento del mercantilismo malsano que a veces, aún, se profesa y practica. Entonces la búsqueda de la sostenibilidad corporativa se sustentaría, en el tiempo, en una alta reputación. A partir de allí promover, a su vez, crecimiento económico y desarrollo en los países como el nuestro, sería una de las consecuencias más importantes.

¿Cuánto se ha aprendido de ello? ¿Qué nuevos comportamientos y prácticas corporativas tenemos en este sector que eleve la reputación de sus empresas y haga sostenible el negocio? En una era de información incesante, activismo continuo, carencia de liderazgos aglutinadores y demandas por nuevos enfoques de negocios, ¿en qué ha cambiado el sector extractivo minero en nuestro país?

Durante un curso dictado hace algunos días, en una importante Escuela de Postgrado, trayendo a colación las conclusiones y recomendaciones de estos eventos en Cape Town y Santiago, se conversó sobre lo que se viene en cuanto a sostenibilidad corporativa y la regulación vinculada en países como el nuestro. Las conclusiones no fueron del todo halagüeñas.

No se percibe del sector extractivo un rol proactivo para implementar nuevas prácticas de sostenibilidad que convoquen bienestar social y resguardo de la biodiversidad más allá de lo que exigen las normas. Y ello es una grave falta de visión y reconocimiento de las condiciones sociopolíticas en la que vivimos en países como el nuestro. Este apego a las normas y su sobre

valoración; así como la expectativa de la presencia de un Estado cada vez más confundido, ha provocado las principales crisis sociopolíticas del sector extractivo, en el país.

El hallazgo más importante, más allá de un Estado débil, responsable de las carencias sociales y sin presencia política en los rincones más alejados del país, fue que el sector corporativo pudo haber abordado estos desafíos de sostenibilidad del negocio, de una manera diferente, si hubiera existido otro tipo de liderazgo. La tarea está pendiente.

Un dato importante que también conversamos en esta tertulia académica es que, como bien lo manifestara Juan Mendoza, un importante economista en nuestro país, en un interesante artículo denominado “En busca del tiempo perdido”, el futuro económico de nuestro país fuera otro si nos centramos en la promoción y el desarrollo de proyectos mineros. De allí debemos partir. Luego se puede conversar sobre una diversificación productiva. Pero primero “hagamos caja” y solucionemos los déficits y brechas sociales que nos lacera como opción.
Mendoza sostiene:

“Propongo, modestamente, que nuestro país se plantee como objetivo prioritario la realización de siete proyectos mineros entre 2018 y 2021: Justa, Michiquillay, Haquira, La Granja, Galeno, Tía María y Conga. Estos proyectos suman US$16,750 millones de inversión que debería ejecutarse con la más estricta protección al medio ambiente. Si realizamos estos proyectos, la inversión privada y el PBI aumentarían más de 10% y 4% en cada uno de
los siguientes años.

Con estos proyectos, produciríamos 47% más cobre y 15% más oro. Ello significaría US$7,500 millones más de exportaciones anuales y no menos de 200 mil empleos directos e indirectos. El efecto dinamizador sobre el PBI de cada año sería equivalente a 20 aeropuertos de Chinchero. El fisco recibiría S/3 mil millones adicionales por año, lo cual permitiría financiar más obras y servicios públicos y reducir la anemia y la pobreza”.

Como vemos la receta no es complicada. Lo complicado yace siempre en la voluntad política para emprender tal gesta. Y para ello se requiere replantear ambos esquemas y modelos de gestión. Se impone una gestión pública más política que técnica y una gestión corporativa con otra visión y un nuevo estilo y liderazgo.

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