Frozen 2: El mensaje político detrás de un viaje transformador

Por: Jesús Miguel Castañeda Mayuri 

La verdad, la reparación y la conciliación entre dos mundos enfrentados son ejes vertebradores de la trama de Frozen II. La película – estrenada el 22 de noviembre de 2019- nos muestra a una Elsa reina de Arendelle intranquila y atraída ante el llamado de un bosque encantado que fue escenario de una batalla que cambió por completo su naturaleza. Cuando ella conecta con los espíritus mágicos del bosque, ellos marcan los hilos de la búsqueda que comenzarán Elsa y Anna, su hermana, durante toda la película: la verdad sobre la historia del reino de Arendelle, el origen de los poderes de Elsa, el destino de los dos padres fallecidos de Anna y Elsa, y el propio origen de las dos hermanas. Tanto en lo colectivo como en lo personal, Frozen II se muestra como un viaje hacia una verdad que removerá los cimientos que algún día existieron.

El espacio de este viaje es el bosque encantado. Las características con las que es introducido en la historia marcan la función que tendrá en la historia: un símbolo del conflicto entre dos civilizaciones que ha permanecido excluido de todos los habitantes de Arendelle como si fuera un tabú. Pero cuando los personajes se adentran al bosque se encuentran con algo mucho más crudo que un enfrentamiento entre dos civilizaciones. Toda la comunidad Northuldra -inspirada en una comunidad escandinava, los Sami- estaba atrapada en el bosque, junto a algunos soldados del reino que participaron del enfrentamiento. Es cierto que a lo largo de la película se le da más importancia al conflicto que mantienen estos dos grupos en el bosque. Y también es cierto que a medida que avanza la trama pierden su capacidad movilizadora, hasta el punto de que se convierten en simples testigos. Pero resulta impactante el estado en el que se encuentran los Northuldra: hacinados como si fuera una reserva de nativos-americanos. Su aislamiento es producto únicamente del enfrentamiento que se produce con Arendelle. Así, la niebla que cubre todo el bosque – producto de la furia de los espíritus- sirve como metáfora del olvido, la explotación y la opresión que han sufrido varios pueblos originarios a lo largo de todo el mundo.  Los Northuldra, entonces, junto con los espíritus mágicos, forman parte del espacio encantado, puesto que su realidad se ha configurado a partir de él. Hay una clara reivindicación de otra cosmovisión, planteada en la unidad de los elementos que rodean al ser humano. Los espíritus que viven dentro del bosque son entes traviesos que interactúan -la mayoría de ellos- con Elsa y sus amigos, que guían el camino de Elsa y Anna, y se manifiestan constantemente ante los personajes revelándoles cosas que cambian por completo las cosas que daban por sentadas. Es cierto que, en su condición de una película de dibujos animados, se presenta a todos los elementos del bosque de una forma caricaturesca que no invita a la reflexión, sino a la risa y a la ternura, pero la interacción entre el bosque, los personajes y los Northuldra marca otra forma de ver el mundo que ha sido relegada por una racionalidad llevada al extremo -la cual también tiene su propio símbolo en la historia, que mencionaremos más adelante-.

Un consejo de seis miembros de la comunidad Sami viajó a California para ayudar a los animadores y guionistas a lograr una representación respetuosa en los Northuldra.

Son las características del bosque encantado las que afectan el proceso de transformación de la rei na Elsa y su hermana Anna. Debido a esto, las implicancias que tiene su viaje de descubrimiento influyen en todos los niveles de la historia. Es muy relevante que, apenas adentrarse al bosque, descubren que ellas dos son fruto de la relación entre un príncipe de Arendelle y una chica Northuldra; una relación mestiza en el territorio, al fin y al cabo. A medida que avanza la historia, las revelaciones sobre este aspecto son más grandes, pero esta primera marca el curso de las relaciones entre las hermanas y el territorio que las rodea: se consideran puentes entre Arendelle y los Northuldra. Esta idea se refuerza con el viaje que tiene la propia Elsa. Ella responde al llamado de los espíritus mágicos del bosque y, ya dentro de él, aparece como la única con la capacidad de “apaciguar” su furia – es interesante que cada vez que consigue tranquilizar a un espíritu lo hace a través del combate- gracias a sus poderes; así, consigue que la guíen y le den respuestas sobre el pasado. Gracias a eso puede conocer el origen de sus poderes: un regalo de los espíritus por la acción de la madre de salvar a su padre del enfrentamiento que tuvo lugar en el bosque. La conexión y la forma de relacionarse con el entorno que le rodea cambia por completo para Elsa a partir de todas las revelaciones. A medida que conocen más sobre su propio origen y sobre la verdad de los hechos acontecidos en su territorio, ella y su hermana se muestran decididas a reparar y defender lo que ellas consideran parte de su origen y su entorno. Conocer la verdad sobre el bosque las impulsó más: su abuelo había atacado a la comunidad de los Northuldra luego de prometerles la paz por oponerse a la construcción de una presa de agua. La historia concluye con las dos hermanas, sobre todo Elsa, como puentes que quieren reparar los daños hechos y conciliar las diferencias.

Y la decisión que toman ellas dos cambia por completo la dinámica del territorio. Elsa y Anna decidieron destruir el origen del conflicto: la presa. Ésta, símbolo de la racionalidad en oposición a una cosmovisión en armonía con la naturaleza, había sido el origen del conflicto entre el reino de Arendelle y los Northuldra debido a que la represa alteraba el estilo de vida de la comunidad del bosque. Lo “correcto”, para Anna, era destruir la presa, a pesar de que el caudal destruiría el reino de Arendelle. Es mejor empezar de nuevo antes que seguir con un reino que sentó sus bases en una injusticia cometida en contra de toda una población. Es inevitable pensar en el Yawar Mayu (rio de sangre en quechua) que describe el escritor peruano José María Arguedas en varias de sus obras. “Ríos de las proximidades de la selva que marchan también lentos, bajo el sol pesado en que resaltan todos los polvos y lodos, los animales muertos y árboles que arrastran, indeteniblemente”. El Yawar Mayu se puede entender como un caudal liberador que aúna las diferencias y marca los destinos para una construcción en el antagonismo, es la representación del encuentro entre los antagonismos en toda su complejidad. El caudal de la presa del bosque encantando también lleva consigo todos los conflictos del territorio, y su liberación enfrenta las diferencias cara a cara; es el momento culmen del conflicto entre Arendelle y Northuldra. Aunque Elsa, guiada por los espíritus, detiene al caudal antes de que impacte las casas de Arendelle, la destrucción de un símbolo de la injusticia como la represa y su posterior transformación en un caudal que enfrenta las diferencias fueron suficiente para cambiar el destino de todo el territorio. Las dos hermanas, mestizas de Arendelle y Northuldra, hacen de puente entre estas dos culturas enfrentadas. Los Northuldra ven reparados los daños que se le hicieron y pueden ver, por fin, la luz del sol. Mientras que el reino de Arendelle cambia la configuración de sus propios mitos hacía unos enfocados en la diversidad del territorio al que pertenecen.

 

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